Sin percatarse de la llegada de la noche, los topos continuaron
apretando los ojos y hablando pestes sobre la luz del día.
Allí está el huevo blanco.
Todos agurdan.¿Será de bronto-pajaro? ¿Será de dino-fante?
Pasan dos... treinta siglos.
Seguimos esperando.
El dragón no tenía ninguna fórmula compleja, ni maquinaria
intrincada en su caverna: para producir fuego le bastaba con
abrir la boca.
*Gisela López, narradora, poeta y periodista guatemalteca. Es autora de varios libros de poesía.