MARCO ANTONIO FLORES

(1937)


MELODIA DE ARRABAL

 

Cómo no voy a sentir que el pecho se me parte

cuando oigo a Gardel cantarle al barrio

si yo nací en el barrio del Gallito.

Si yo jugué con polvo de sus calles,

y fui pirata entre sus lodazales,

y cada esquina me sirvió de línea Maginot,

y sus piedras eran balas treinta treinta,

y mi pandilla era el Ejército Rojo de la cuadra

(los pandilleros éramos Anzueto y yo

y mis hermanos, que no alzaban un palmo de la tierra).

Si ahí perdí a mi padre, y lo seguí

y me colgué del bomper de su carro, y

me arrastró;

si ahí me atropelló un carruaje cuando

tuve cinco años y sus caballos me hundieron

sus cascos en las piernas;

si ahí conocí el llanto seco, duro, constante

de mi madre;

si ahí me iba a juzgar, detrás de un cerco de izotales

al loco de mi barrio, que usaba muñequeras de cuero,

y cantaba tangos todo el día

echado en una hamaca, y en la noche

salía a cotorrear a las patojas;

si ahí aprendí a cantar esos tangos

que ahora canta ese loco de Gardel.

 

 

 

EL ESTANQUE

 

Tuve un amigo. Un poeta

que se bebía las noches con cerveza.

Solíamos libar días

enteros hablando de recuerdos, de viajes,

de poemas, de mujeres amadas.

Era inclinarse en el estanque.

Cuando nos capturaron marchó al exilio.

Al volver traía una obsesión atravesada:

la montaña y las armas.

Los poemas arrumbados.

No duró tres meses. Teníamos treinta años.

Lo capturaron vivo y lo quemaron.

Busqué sus restos y me llené las manos de cenizas.

Estuve varios días doliéndome de mí.

La soledad ardía.

El solía decir: "Mi exilio era de llanto".

 

 

 

LAS SILLAS SOLITARIAS

 

El exilio

es quedarse sin presente,

sin cielo,

sin amigos, sin volcanes custodios,

sin caras familiares,

sin voces conocidas,

sin casa, sin calles infantiles,

sin saludos.

 

 

 

EL GUSANO

 

El tiempo me recorre,

me habita,

se cobija en mis ganglios,

acampa en mis arrugas.

Mirándome lo mido:

la pelambre de mis brazos palidece y ralea,

mi pecho encanece,

la piel de mis manos, que incursionaron las tetas

de mis novias y entraron a saco entre sus piernas,

se ha vuelto negra, dura y arrugada.

Mis ojos cegatones: esos carbones apagados

que vieron escapar a la muerte y ahora la detectan

a mi lado.

En mí está el tiempo.

Me desdibuja.

Me corroe por dentro:

ablanda mis mejillas,

debilita mis piernas,

infla mi vientre,

agita mi acezar,

me agota,

me quita la pasión.

El tiempo es mi enemigo;

me consume,

ocupa mi epidermis,

es mi sangre.

 

 ·REGRESAR A LA PAGINA PRINCIPAL.