(1946)
No te diré
de qué fibra está formado
el corazón que me sostiene:
me será más dulce decir
que lo tengo hecho de Ti,
de tu sonrisa
y de las penas inmensas
que me llegan contigo…
DIVAGACIONES
1
Cuando la soledad
se me volvió un rito sin sentido,
desdeñé la vastedad del universo.
Despejé océanos
para abrirme caminos
que mutaran
las viejas formas de sal
que ataban
mi mano y mi palabra.
Olvidé planetas y estrellas ilusorias
y volví entre sombra de musgos
y rocas silenciosas.
Terrestre,
me nacieron espadas;
una fierecilla silvestre
nació de mis espinas
y entre la arena turbia
recordé la lejanía de los astros.
Cuando la soledad
se me volvió un rito sin sentido,
y el mar y el universo
me negaron su sal y sus estrellas,
desembarqué en este pequeño recodo
donde abril come astros
a falta de miel y primaveras
que alimenten la rosa
de sus días…
2
La dimensión de tus sueños
ya no cabe ni siquiera
en el recuerdo:
hay un áspid incierto
que traiciona el pálpito preciso
donde tu corazón desemboca
en dulce y amargas rebeldías.
No importa cuán etéreos
tus sueños
desemboquen en la nada:
basta, ¡tan sólo!
una partícula de luz
y el leve soplo
de la brisa esquiva
para entender que, aún
sin advertirlo,
pertenecen tus sueños al presente.
1
Todo lo dulce y amargo
brotó de un solo instante:
tiempo y espacio
sacrificados
al día que llegaba entre ceniza.
Visión, su luz, para vivir.
Cerrazón, su luz, para no saber vivir
sino atada a las manos
que escribieron la primera
y la última palabra.
Abarqué en la penumbra
todas las primaveras,
los soles,
los diminutos puntos de fuego
de todas las esquinas
y los puertos;
de todas las hogueras
que llamean
en la sombra que me cubre.
¡Todo el mar no bastó
para dejar sin huella
el breve trigo que dejó tu beso!
2
En sus manos,
en mi piel, Edipo vuelve.
Niño casi
levanta la mirada
y aspira polen
de lunas renovadas.
Hombre casi,
tiembla y solloza
hundido en terrenales simas,
desconocidos fuegos.
De sus ojos
a mis pies, Edipo resucita.
¡Cuánto tiempo rompe
en olas de fría certidumbre,
el alba y el sol
que consagraron
sus manos y mi piel!
3
Amo el desvarío de tus manos
y las montañas de sueño
que me tocan:
alas
para borrar
mi aquelarre de mundos
que no entiendo.
¡Cómo decir
que el pulso,
y la luz,
y el fuego de tus manos,
no pudo diluir en las estrellas,
toda la soledad
que me quedó en el pecho
cuando tus manos,
torrente.
agua,
luz,
dijeron el adiós definitivo.
4
Si intentaras abarcar
con la mirada
toda la tempestad
que nubla mis sentidos,
tú —pequeño dios errante—,
dudarías entre el llanto
y la rabia
de tus ojos vencidos.
Y acaso
náufrago indeciso,
querrías compartir mi tempestad,
en este universo donde el calor
y la furia de mis besos,
te dejaran —apenas—,
sensación,
olor,
quietud de olvido.
·REGRESAR A LA PAGINA PRINCIPAL.