Para Jessica
Creo fielmente en la infidelidad
tanto en el campo como en la ciudad.
Creo en la nada y en lo infinito;
en las quijadas del cangrejo
y en el talón de Aquiles;
en los colores que sólo ven los ciegos
y en el Guernica de Picasso;
en los abedules viejos,cansados,confiables;
en los árboles quemados en su mejor verdor
y en sus raíces bien echadas.
Creo en el huevo de la gallina
y, fielmente, creo que el huevo fue primero.
Creo en las Homeomerías,en las mañas
y en la dialéctica de Heráclito de Efeso;
en Demócrito de Aduera como el papá de los pollitos.
En lo que no tiene nombre y en los cuatro elementos,
en el azul y verde que separa el cielo de la tierra.
Creo que creo en algo y eso es algo.
Detrás de la hoja en blanco
hay un campo de algodón en flor.
EL que tapizca la bellota recibe baños de DDT del cielo,
el que escribe se da sus baños de pureza;
aquél es nombrado jornalero,
éste se autodenomina poeta;
uno vive en la nube,
el otro implora un poquito de su sombra;
uno cree en la diosa-musa,
el otro ni en sí mismo
(el pleonasmo se llama licencia poética si lo dice el creyente,
barbaridad si lo dice el otro);
uno está lleno de palabras, es sabio;
el otro duerme con la panza vacía, ignorante;
aquél tiene verdades y las dice,
éste las busca calladamente;
uno es imprescindible para los informes presidenciales,
el otro para los desfiles conmemorativos;
uno espera ansiosamente que se acabe la vida,
el otro no quiere que pase el tiempo, su beca de por vida no abarca
/la inmortalidad;
el autodenominado escribe con propiedad cotton fields,
el nombrado firma con una cruz;
uno va de compras al Supermarket Mall,
el otro a la Tienda de Raya;
uno sueña elefantes voladores de color magenta,
el otro con otro de moño negro;
uno sueña que sueña,
el otro sueña con el que sueña que sueña
Ambos hacen surcos:
uno con tinta,
otro con machete;
los dos usan garabatos:
uno compulsivamente para atrapar la idea,
el otro para atrapar más monte;
el tapizcador delinea con su oficio su hoja en blanco,
el escritor lo hace a renglón seguido.
Sendas manos son las creadoras:
una se aprieta para coger el lápiz,
la otra se abre y atrapa el mundo
Allá arriba alguien fantasea:
ve dos hojas en blanco y se asoma para ver el espectáculo;
ríe.
Cuartos de estrellas
renacen en mis lunas;
sueños me peinan.
Negra fogata
abrasa la semilla
de marañón.
Negro comal
manchado de cal cuece
la masa blanca.
Diadema plata
desprendida, la noche
suelta su pelo.
La vía láctea
su cabellera corta:
blanca vereda.
La luz oscura
cierra la celestial
quemazón diurna.
Beso naranja
la paz azul incendia;
llueven colores.
Estrellas son
ojos con que los dioses
guían nictálopes.
Lumbre del mar,
candil de soledades,
rojo de ocote.
Riega, poeta,
seminales relámpagos,
cierzos naranja.
Raíz del trueno
vuela bajo la noche,
revuelve el mar.
Brincan, chispean,
copulan con el cielo
luces de tierra.
Raya de luz
quema la eterrnidad;
borda la noche.
Noche olorosa,
relámpago y jazmín
es una estrella.
Prende la noche
negro tizón sarazo;
nunca amanece.
Con luz adorna
su cabellera negra
la noche loca.
Lloró la noche;
sus ojos derramaron
gotas de fuego.
Prendidas luces
sobre tu cabellera;
arde la noche.
Llueven, se estrellan
en los negros océanos
lágrimas plata.
Lucífuga agua,
cielo crepuscular;
llama que baja.
Luz, color, orbe;
brinca la nube blanca
su sinsabor.
*Carlos López, poeta, ensayista y editor guatemalteco. Autor de Diccionario bio-bliográfico de literatos guatemaltecos, Los días del uno al trescientos sesenta y cinco entre otras publicaciones. Imparte talleres literarios en México, donde radica.