Las reglas de tu abandono
no fueron muchas.
Fueron impuestas sobre el olvido,
bajo arena del poniente
donde lloraba aquella brisa
tu nombre.
Las reglas de tu abandono
se hicieron por cascadas,
circundantes estelas
interrogándose a sí mismas…
Pero la respuesta no llegó:
pese a millones de reclamos
se hizo tarde para el crepúsculo
y mi cuerpo humeante
¡rasgó sus cenizas!
Mi símbolo es tu mirada,
primavera donde te tuve
y de sus reflejos hoy vivo
como la sombra marchita
Nombre que se impregna de aromas,
atraviesa su senda y empuña luz.
Anochecer que se enfurece de melancolía,
desahogo eterno de voces tenues.
Nostalgia del sol que no hallará su oceáno
de abrazos interminables.
Amor, ¡fruto de liberación!
¡libertad de tibias!
¡dolor de los costados que esclavizan
años ausentes!
Amor, ¿en qué pedazo de terruño
duerme aquella caricia
que nunca llegará a mis manos?
* Elizabeth Zevallos, poeta y escritora peruano-canadiense. Ha publicado en Imaginario, Olisgen, Suburbio, Haraui y otras revistas de su país de origen. Actualmente es editora del periódico cultural Un dos tres, en Vancouver, B.C. Es integrante del Círculo Literario La Bodeguita del Norte.