|
|
Nicaragua es el país de América cuya historia y destino están
indisolubles, atados no sólo a su geografía -que la obliga a una
dramática centralidad mediterránea- no sólo a sus paisajes que le
tejen una original dualidad acuático terrena, sino incluso, a su
geología. Esa es la "armonía áspera" -de que hablaba Rubén Darío-:
tener como protagonistas geológicos a volcanes y lagos (si fuéramos
griegos ya hubiéramos inventado el mito de que somos hijos de
Centauros y Sirenas) pero además, porque esa geología le da a
Nicaragua la posición de verdadero centro de América: marca el
encuentro de la fauna y la flora del norte y del sur del continente:
hasta aquí llegan los pinares que bajan del norte y hasta aquí sube la
soberbia grandeza de los árboles y de la vegetación selvática
amazónica. Aquí se enlazan las faunas de esas dos ecologías y por lo
mismo, hasta aquí llegan las influencias culturales y etnográficas de
las culturas del norte que bajan desde Estados Unidos -como los
Sutiabas- o de México, como los Nahuas y los Chorotegas; como también
llegan hasta aquí las culturas sureñas de las cuales descienden:
Ramas, misquitos, matagalpas, chontales y sumos.
En otras palabras: hemos sido un puente continental, el centro de las
Américas y esa posición telúrica y geográfica ha sido pedestal de
nuestra historia: de la indígena, primera, y luego de la española:
mientras los indios pasaban por aquí persiguiendo el sueño de una
tierra prometida -y unos se quedaban y otros seguían su ruta-, los
españoles descubren y hacen a Nicaragua buscando el "Estrecho dudoso",
marcándonos para siempre como posible enlace de los dos grandes mares
de América. Canal seco o canal acuático, puente de tierra o puente de
agua. Nicaragua es eso: Un país que no puede dejar de ser mediterráneo
y por tanto, cuando produce su gran poeta -un poeta par de los más
altos poetas de la lengua- su obra es la resonancia y la expresión no
sólo de su país, sino de todos los países de su lengua y de las
culturas aún del mundo. Así lo siente el mismo Darío:
"El poeta, imperial meditabundo,/ sufre con las angustias del corazón
del mundo".
Parece mentira, sin embargo, que un país que reúne una colección tan
variada y rica de paisajes (y no lo decimos por vanidad nacionalista)
pues, según la autoridad de Byron Alsh -licenciado en ecología
forestal- "Nicaragua es una superpotencia en Biodiversidad, y está
considerada como poseedora del 7 por ciento del índice mundial de
diversidad en formas de vida"; parece mentira -digo- que hasta hoy se
presenta un libro álbum que ofrezca al ojo del mundo, en la comodidad
y arte de la fotografía, la belleza y riqueza del paisaje
nicaragüense, con rasgos y datos de la vida de su pueblo, de sus
trabajos, de sus diversas producciones y de su dramática dualidad
volcánico-lacustre además de nuestros mestizajes profundos, de nuestra
dualidad enriquecedora Atlántico-Pacífico y de la fusión honda y
creadora de la fe cristiana con el alma y culturas de varias altas
civilizaciones indias; todo lo cual ha forjado nuestra singular
historia.
Este libro viene a repetirme la frase de Fidel Castro cuando vino en
el primer aniversario de la revolución sandinista y recorrió en
helicóptero el país y en la noche, en una larga conversación, todavía
excitado por el viaje aéreo, me dijo en su característica lengua
cubana:
"¡Qué país el tuyo, chico!"
El dictador de una isla de monocultivo venía admirado de la potencia
ganadera, granera, minera, pesquera (de mares salados y dulces),
algodonera, azucarera, etc., de esa Nicaragua que casi perdemos por
utopistas y militaristas, de esa Nicaragua: Museo de paisajes y
crepúsculos, desconcertantes por su entrañable contradicción, pues el
nicaragüense ante ella, un día se siente seducido por su belleza, pero
un día después cree elegancia intelectual renegar de ella y
oscurecerle por el desprecio.
Ahora lo realista y ortodoxo parece ser la frase deprimente de que
somos el país más pobre después de Haití. Lo que somos es el país más
empobrecido que es cosa distinta, el país más desgarrado por las
fuentes mismas de su riqueza, más desperdiciado, el país por la
insensatez de las ideologías y de las ambiciones de nuestros
dirigentes y de muchos de nuestros llamados intelectuales. Denle a
Nicaragua paz, seguridad, amor al prójimo en su justicia social y
política... denle a Nicaragua crédito a su pobreza y honestidad a su
gobierno y ella sola -en libertad, se pondrá en pie y no será el
segundo país alimentado por los basureros, sino, lo que ya fue y puede
ser aún mejor y más: el cuarto país ganadero de América, el granero de
Centroamérica, pero, sobre todo el país que renuncia a los
escandalosos millones de "piñatas" y privilegios (que sólo se
consiguen poniendo en tierra a un número igual de miserables), el país
de una alta cultura que renuncia a la riqueza mal habida y se conforma
con un sobrio término medio, con una modesta prosperidad que alcance a
todos, porque el esfuerzo de todos es vaso comunicante de fraternidad
viva. ¡Nicaragua está en el centro mismo del Continente para aprender
y luego enseñar al resto de América esta calidad de humanismo! Neruda
nos llama:
"Garganta pastoril de América"
Quiso decir: el país-palabra. El país que habla por todos. Ese es
nuestro destino; eso es lo que podemos ser si aprendemos a respetar la
dignidad del hombre y sus derechos.
... Pero hablemos de este libro. Hablemos del arte con que exhibe los
territorios de su belleza terrestre, rica en contraste: su zona
tropical de tierras bajas donde desfilan, uno tras otro, nuestros
bélicos volcanes, como el altivo Momotombo, personaje de la literatura
universal por obra de Víctor Hugo; el Masaya: "el único lago de lava
del continente" como afirma el vulcanólogo Alain Creusot-Eor: O el
milenario Mombacho "y su actividad fumarólica enigmática", o el Cerro
Negro "-el cráter más joven y activo de América-" o el extraño
capricho de Managua de ser la única capital del mundo con un volcán,
en su centro urbano, volcán Tiscapa cuyo cráter se disfraza ahora de
laguna -Tiscapa- en su centro urbano.
El libro que tengo el honor de presentar, después de una admirable
síntesis de la historia de Nicaragua, escrita por Jaime Incer, dedica
unas páginas en recuerdo de la vieja Managua, dos veces destruida,
enseñando al nicaragüense que si no abre su corazón a una hermandad
humanista en grado heroico -si no cultiva al máximo el espíritu
comunitario- no subsistirá. Tenemos una posición y una tierra
privilegiada, y todo privilegio se paga. Luego, las extraordinarias
fotografías reunidas por el Banco Central nos muestran a ojo de pájaro
-las principales ciudades, paisajes de las cinco zonas que hacen tan
variado el paisaje, la vida, la geografía y el clima de Nicaragua,
como también los oficios, trabajos, artes populares y la vida del
pueblo nicaragüense. Se trata de una riquísima antología gráfica de
Nicaragua.
Entre las fotos de la inventiva artista y fiestera del nica quiero
destacar una estupenda fotografía de la Reina del Maíz en la fiesta de
Jalapa: una linda muchacha vestida con un elegante traje hecho todo de
granos de maíz; si esa invención se hubiera exhibido en Texas ya
hubiera dado la vuelta al mundo. Es un poema de elegancia campesina
que arrancará aplausos a los modistos de París.
Como es también un poema la irrupción del rostro del Güegüense, del
chispeante y calumniado güegüense, otra invención de nuestra raza
mestiza -primer personaje del teatro hispanoamericano- que hace humor,
inteligencia y don de lenguas lo que para otros países fue conflicto
irresoluble en el choque y fusión de culturas y razas.
Rica y tan buena como la escuela de Quito es la tradición de
imaginería religiosa que este libro o álbum sobre Nicaragua recoge, lo
mismo que los más hermosos y ejemplares de nuestra sobria arquitectura
barroca.
Repito con goce: tenemos por fin los nicaragüenses un gran libro
antológico de la belleza y variedad de un país pequeño pero rico, de
un país rico pero em pobrecido y sin embargo, siempre bello, con
margen sobrante para darle una suficiente felicidad a sus habitantes
que siempre se han distinguido por su capacidad y poder de trabajo.
Todo nicaragüense, cuando no lleva a un poeta, lleva a un empresario
instalado en su corazón.
Tenemos que usar los ojos darianos para ver y apreciar a nuestra
patria pequeña pero destinada a ser centro y motor de la civilización
de América. Pensemos en esa alta responsabilidad que hizo escribir al
profeta de nuestra identidad nacional:
"En el lugar en donde tuve )
(la luz y el bien
¿qué otra cosa podría sino besar el manto
a mi Roma, mi Atenas y mi Jerusalén?
Todo Occidente, más el Caribe -ese nuevo Mediterráneo- más las
herencias del Asia a través del indio, más las herencias del indio
-del Chorotega, del Nahuat, del Miskito, del Sutiaba, del Matagalpa-
de todas esas raíces, que hay que darles vida plena, florecerá nuestra
propia y singular nacionalidad, con el doble mandamiento de nuestro
destino agrario y dariano: desarrollar al máximo la cultura del
cultivo, y completarla con la mayor inversión posible en el cultivo de
la cultura.
Comentario o sugerencias al Editor
Volver al índice
|