El Buzo

David Vidaurre Canton (Perkeo1) ( Nicaragua )


Eran más de las doce de la noche en el aeropuerto de Miami y caía un aguacero de esos en que las gotas hasta duelen cuando te dan en la cara. El Boeing 747 de Aer Lingus de Irlanda ya estaba cargado y solo estábamos un compañero y yo para hacer el empuje ("Push Back") del avión fuera de la puerta de abordaje E- 22. Me puse los auriculares y le dije al piloto que estábamos listos para el empuje y "rotar" los motores. El piloto me informó con un fuerte acento irlandés que había una depresión tropical y que la Torre les había avisado que tendrían que esperar aproximadamente una hora para poder despegar. Me dijo que buscara donde meterme y que cuando estuvieran listos prendería la luz de aterrizaje del tren delantero. Le di las gracias y le dije que estaría en el "Paymover", que es el remolque que se usa para empujar el avión. Colgué los auriculares en el tren de aterrizaje y corrí hacia el remolque. Me senté en la cabina del remolque y le dije a "Sánchez", (solo así lo conocía), que teníamos que esperar una hora. Lo único que sabia de él, es que en Nicaragua había sido sargento de la Guardia Nacional. Tenia cara de Nica y en particular de Guardia. Era moreno, de pelo chirizo negro, siempre estaba de buen humor o al menos siempre tenia la sonrisa a flor de labios. Sánchez se alegro con la noticia porque significaba horas extras sin hacer nada. Yo por mi parte me queje porque tenía clases a las 8:00 de la mañana en la Universidad. Llamamos por radio a la Base y les informamos de la situación. Lluvia aún más fuerte cuando me baje del remolque para levantar los auriculares que había tirado el viento, note que el agua en la rampa me llegaba hasta media pantorrilla. - Esta mierda ya parece laguna - le dije a Sánchez - por poco y me ahogo. - Entonces se hubiera aparecido El Buzo para sacarte - me contesto con una sonrisa burlona. - ¿Que buzo, jodido? - ¿Ideay. No conoces la historia del buzo? - No, para nada. Entonces empezó a relatarme esta historia: En la ribera de la laguna de Tiscapa, las mujeres del barrio "Vietnam" lavan ropa propia y ajena. Desde antes que salga el Sol, empiezan a descender por el empinado y zigzagueante camino que baja desde el borde del cráter volcánico. Las mujeres caminan alegremente contando chismes a sus comadres, riendose y regañando a sus hijas que las ayudan a cargar la ropa. También bajan jóvenes que usan las aguas de la laguna como baño publico o piscina privada. Dicen la gente que la laguna de Tiscapa no tiene fondo y que esta conectada con el Lago de Managua. Por esta razón aparecen remolinos ... porque el Lago de vez en cuando "chupa" agua de la laguna. Las muchachas lavanderas miraban de reojo a los jóvenes que se bañaban y se reían tapándose la boca con la mano. Los mas osados entre los bañistas les lanzaban piropos y las invitaban a bañarse con ellos. Era común que para impresionar a las chavalas, se organizaran competencias para ver quien cruzaba mas rápido la laguna. Un día de estos una pareja de muchachos iba ya a mitad de la laguna cuando los dos empezaron a ahogarse. El agua a su alrededor parecía hervir a borbollones y solo sus brazos, y ocasionalmente sus cabezas, lograban romper la superficie del agua. De la orilla varios hombres y muchachos se tiraron en calzoncillos al agua, pero cuando llegaron al punto donde habían desaparecido los dos nadadores ya no encontraron nada. La noticia les llego a sus respectivas madres en "Vietnam" y pronto llegaron sus familiares en dolorosa procesión dando gritos espeluznantes: "Ayyyy mi hijo, ¿quien me saca a mi hijo?" "¿Quien saca a mi hijo para darle cristiana sepultura?". Durante varias horas los presentes trataron infructuosamente de rescatar los cuerpos de los muchachos. Caía la tarde y las sombras se señoreaban del fondo del cráter de Tiscapa. Fue entonces cuando lo vieron por primera vez. Bajaba por el zigzagueante camino de tierra con un perro negro azabache a su lado. Era un hombre bajo, con tez bronce de arrugas profundas y pelo lacio negro, casi tan negro como el de sus ojos inexpresivos. Se sentó sobre una de las piedras junto a la orilla. - Yo les saco a sus muertos. - dijo tranquilamente con voz grave - Son cien pesos casa uno. - Por favor señor, somos pobres y no tenemos reales - dijo una de las madres postrándose de rodillas y dando un alarido - apenas tengamos le pagamos, pero sáque a mi hijo por el amor de Dios. - Ni mierda - le contesto - si no hay reales no hay entierro. Los familiares hicieron junta y después de una álgida discusión mandaron a buscar el dinero aunque fuera prestado. "Cuando este hijueputa saque los muertos, lo vergueamos y le quitamos los reales" habían dicho. El hombre se quito la ropa vieja y rota, y se quedo solo con una calzoneta negra. Tomó el dinero de manos de los representantes de las familias y lo contó cuidadosamente mojándose la punta del dedo indice con la lengua. Entonces llamo al enorme perro negro, que había permanecido alerta a cierta distancia. "Cerbero", dijo, y el perro se acerco gruñendo ferozmente y cuando estuvo junto a su amo abrió el hocico. El hombre puso el dinero en el hocico del animal que inmediatamente se alejo a una distancia segura de los presentes. "El Buzo", que así ya le llamaban las docenas de curiosos, se tiro al agua de cabeza y se dirigió hacia el centro de la laguna. "Vieras como nadaba el jodido, parecía pescado de tan rápido que nadaba". Se sumergió en un punto indeterminado y al cabo de dos minutos apareció cerca de la orilla jalando el cuerpo exánime de uno de los muchachos. Lo deposito en la orilla y sin decir nada se volvió a zambullir. Apareció después de un par de minutos con el segundo chavalo muerto. Se vistió rápidamente ante la mirada estupefacta de los curiosos y los gritos desgarradores de las madres que abrazan y sobaban las caras de sus hijos muertos. Los familiares se miraban unos a otros para ver quien daba el primer paso para quitarle el dinero al "Buzo". El perro se acerco a su amo y le puso el dinero en la mano. Luego dio un aullido tan estremecedor que a todos los presentes se les pararon los pelos. Los ojos del perro tenían un brillo rojizo y diabólico. Muchos de los presentes juran que al "Buzo" también le brillaban los ojos y que se le pusieron puntudas las orejas, pero eso ya son cuentos de las comadres. Lo que si es cierto es que cada vez que se ahoga un desgraciado en la laguna de Tiscapa, llegan "El Buzo" y "Cerbero" a sacar el cuerpo. Eso sí, dinero por delante. Esa es a grandes rasgos la historia que me contó "Sanchez". Me iba a contar otras cosas del famoso "Buzo" de Tiscapa, pero el brillo de las luces de aterrizaje del 747 nos deslumbraron para indicar que era hora de irse.

Perkeo1

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* "Fulgura frango" *

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Este documento fue creado en Octubre 14 de 1998
por Armando José García Salinas - ©1998