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Eran más de las doce de la noche en el aeropuerto de Miami y caía un aguacero
de esos en que las gotas hasta duelen cuando te dan en la cara. El Boeing 747
de Aer Lingus de Irlanda ya estaba cargado y solo estábamos un compañero y yo
para hacer el empuje ("Push Back") del avión fuera de la puerta de abordaje E-
22. Me puse los auriculares y le dije al piloto que estábamos listos para el
empuje y "rotar" los motores. El piloto me informó con un fuerte acento
irlandés que había una depresión tropical y que la Torre les había avisado que
tendrían que esperar aproximadamente una hora para poder despegar. Me dijo que
buscara donde meterme y que cuando estuvieran listos prendería la luz de
aterrizaje del tren delantero. Le di las gracias y le dije que estaría en el
"Paymover", que es el remolque que se usa para empujar el avión. Colgué los
auriculares en el tren de aterrizaje y corrí hacia el remolque.
Me senté en la cabina del remolque y le dije a "Sánchez", (solo así lo
conocía), que teníamos que esperar una hora. Lo único que sabia de él, es que
en Nicaragua había sido sargento de la Guardia Nacional. Tenia cara de Nica y
en particular de Guardia. Era moreno, de pelo chirizo negro, siempre estaba
de buen humor o al menos siempre tenia la sonrisa a flor de labios. Sánchez
se alegro con la noticia porque significaba horas extras sin hacer nada. Yo
por mi parte me queje porque tenía clases a las 8:00 de la mañana en la
Universidad. Llamamos por radio a la Base y les informamos de la situación.
Lluvia aún más fuerte cuando me baje del remolque para levantar
los auriculares que había tirado el viento, note que el agua en la rampa me
llegaba hasta media pantorrilla.
- Esta mierda ya parece laguna - le dije a Sánchez - por poco y me ahogo.
- Entonces se hubiera aparecido El Buzo para sacarte - me contesto
con una sonrisa burlona.
- ¿Que buzo, jodido?
- ¿Ideay. No conoces la historia del buzo?
- No, para nada.
Entonces empezó a relatarme esta historia:
En la ribera de la laguna de Tiscapa, las mujeres del barrio "Vietnam" lavan
ropa propia y ajena. Desde antes que salga el Sol, empiezan a descender por
el empinado y zigzagueante camino que baja desde el borde del cráter
volcánico. Las mujeres caminan alegremente contando chismes a sus comadres,
riendose y regañando a sus hijas que las ayudan a cargar la ropa. También
bajan jóvenes que usan las aguas de la laguna como baño publico o piscina
privada. Dicen la gente que la laguna de Tiscapa no tiene fondo y que esta
conectada con el Lago de Managua. Por esta razón aparecen remolinos ...
porque el Lago de vez en cuando "chupa" agua de la laguna.
Las muchachas lavanderas miraban de reojo a los jóvenes que se bañaban y se
reían tapándose la boca con la mano. Los mas osados entre los bañistas les
lanzaban piropos y las invitaban a bañarse con ellos. Era común que para
impresionar a las chavalas, se organizaran competencias para ver quien
cruzaba mas rápido la laguna. Un día de estos una pareja de muchachos iba ya
a mitad de la laguna cuando los dos empezaron a ahogarse. El agua a su
alrededor parecía hervir a borbollones y solo sus brazos, y ocasionalmente
sus cabezas, lograban romper la superficie del agua. De la orilla varios
hombres y muchachos se tiraron en calzoncillos al agua, pero cuando llegaron
al punto donde habían desaparecido los dos nadadores ya no encontraron nada.
La noticia les llego a sus respectivas madres en "Vietnam" y pronto llegaron
sus familiares en dolorosa procesión dando gritos espeluznantes: "Ayyyy mi
hijo, ¿quien me saca a mi hijo?" "¿Quien saca a mi hijo para darle cristiana
sepultura?". Durante varias horas los presentes trataron infructuosamente de
rescatar los cuerpos de los muchachos. Caía la tarde y las sombras se
señoreaban del fondo del cráter de Tiscapa. Fue entonces cuando lo vieron por
primera vez. Bajaba por el zigzagueante camino de tierra con un perro negro
azabache a su lado. Era un hombre bajo, con tez bronce de arrugas profundas y
pelo lacio negro, casi tan negro como el de sus ojos inexpresivos. Se sentó
sobre una de las piedras junto a la orilla.
- Yo les saco a sus muertos. - dijo tranquilamente con voz grave - Son cien
pesos casa uno.
- Por favor señor, somos pobres y no tenemos reales - dijo una de las madres
postrándose de rodillas y dando un alarido - apenas tengamos le pagamos, pero
sáque a mi hijo por el amor de Dios.
- Ni mierda - le contesto - si no hay reales no hay entierro.
Los familiares hicieron junta y después de una álgida discusión mandaron a
buscar el dinero aunque fuera prestado. "Cuando este hijueputa saque los
muertos, lo vergueamos y le quitamos los reales" habían dicho. El hombre se
quito la ropa vieja y rota, y se quedo solo con una calzoneta negra. Tomó el
dinero de manos de los representantes de las familias y lo contó
cuidadosamente mojándose la punta del dedo indice con la lengua. Entonces llamo al
enorme perro negro, que había permanecido alerta a cierta distancia.
"Cerbero", dijo, y el perro se acerco gruñendo ferozmente y cuando estuvo
junto a su amo abrió el hocico. El hombre puso el dinero en el hocico del
animal que inmediatamente se alejo a una distancia segura de los presentes.
"El Buzo", que así ya le llamaban las docenas de curiosos, se tiro al agua de
cabeza y se dirigió hacia el centro de la laguna. "Vieras como nadaba el
jodido, parecía pescado de tan rápido que nadaba". Se sumergió en un punto
indeterminado y al cabo de dos minutos apareció cerca de la orilla jalando el
cuerpo exánime de uno de los muchachos. Lo deposito en la orilla y sin decir
nada se volvió a zambullir. Apareció después de un par de minutos con el
segundo chavalo muerto.
Se vistió rápidamente ante la mirada estupefacta de los curiosos y los gritos
desgarradores de las madres que abrazan y sobaban las caras de sus hijos
muertos. Los familiares se miraban unos a otros para ver quien daba el primer
paso para quitarle el dinero al "Buzo". El perro se acerco a su amo y le puso
el dinero en la mano. Luego dio un aullido tan estremecedor que a todos los
presentes se les pararon los pelos. Los ojos del perro tenían un brillo rojizo
y diabólico. Muchos de los presentes juran que al "Buzo" también le brillaban
los ojos y que se le pusieron puntudas las orejas, pero eso ya son cuentos de
las comadres. Lo que si es cierto es que cada vez que se ahoga un desgraciado
en la laguna de Tiscapa, llegan "El Buzo" y "Cerbero" a sacar el cuerpo. Eso
sí, dinero por delante.
Esa es a grandes rasgos la historia que me contó "Sanchez". Me iba a contar
otras cosas del famoso "Buzo" de Tiscapa, pero el brillo de las luces de
aterrizaje del 747 nos deslumbraron para indicar que era hora de irse.
Perkeo1
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