El pollo de los tres

Fernado Silva ( Nicaragüense )

El sargento se acomodó en la silla y quedó viendo al indio.
-¿Con que sos vos el que le roba los pollos al Padre Hilario? -le dijo.
El indio bajó la vista. El sargento, apartó la silla y se levantó.
-Este indio no sabe que es pecado robarle al Padre- dijo dirigiendose a otro hombre que estaba allí con unos papeles en la mano. El hombre se rió.
- . . . ¡No! ; si no es cuestión de risa- dijo el Sargento poniédose serio.
Ahora vas a ver -dijo señalando al indio- te voy a encerrar y vas a pagar cada uno de los pollos que le cogiste al Padre. El indio volvió a ver al Sargento y arrugó la frente. -Si los pollos no me los comí yo -dijo- -¿Quien se los comió, entonces? -le preguntó el Sargento- -..tal vez el zorro -dijo el indio.
El Sargento se rió -¡Ja! ¡Ja! ¡El zorro! -repitió. -El zorro sos vos. ¡Zorro cabeza negra, ah!
-Pues . . . si es cierto- dijo el indio.
-No me vengás con cuentos. ¿Que acaso no te vieron a vos cargando con los pollos? -Esos no eran los pollos del Padre.
-...¿Y de quién eran los pollos, pues?
-Pues ... si esos no eran los pollos. ¡Eran sólo las plumas!
-¿Cuáles plumas?
-Pues si es que yo venía ai para el otro lado . . . ¿Ve? ... y me hallé las plumas. ¡Ehé! -dije- tal vez me sirve para una almohadita... y las recogí; y entonces, el cura que andaba buscando, quizás sus pollos me vio, y viene y dice: -¡Eih, Ramón... ya te ví! Te me estas llevando los pollos, -¿Qué pollos? -le digo... que no ve que son plumas? -¡Ehé -me dijo entonces el padre- pero son las plumas de mis pollos! ... y así es Sargento. El Sargento se salió a la puerta. Afuera estaba lloviendo.
-"Este indio no es baboso"- pensó.

El padre Hilario estaba limpiando una lámpara de kerosine.
-Buenas tardes Padre- lo saludó el Sargento.
-Buenas tardes, hijo- le contestó el Padre.
-Ya agarré al indio Ramón, el roba pollo.
-Hay que castigarlo, Sargento. Es necesario, por que así comienzan.
primero es un pollo y después es un caballo. Así es el pecado, chiquito al principio ... y después se engorda.
-Padre -dijo el Sargento- está seguro Ud. que el indio se le cachó el pollo?
-¿Que si estoy seguro? ... ¡Ah! ...¿Qué acaso no lo vi yo? ... ¡vea qué cosa!
-Pero dice Ramón que no era un pollo lo que él llevaba.
-¿Que no era el pollo? ... ¿y que era, entonces?
-Pues yo no se ... como Ud. lo vio.
-Pues era mi pollo ... ¡Yo lo vi!
-Bueno, lo que Ud. diga; pero ai traje yo al indio para que se entienda Ud. con él.
El indio entró con el sombrero en la mano.
El Sargento se quedó medio sonriendo, apoyado en una mesa que estaba pegada a la pared.
El Padre dejó a un lado la lámpara que tenía.
-¿Ahora te negás que te robaste los pollos? -le dijo el Padre.
-Yo no me estoy negando- dijo el indio, hablando bajo.
-¡Ya ve pues, Sargento! -exlamó el Padre.
-...Es que yo le dije al Sargento -siguió el indio- de que Ud. no me vio a mi con sus pollos.
-¡Ahá ... ¿Que no te vi yo? ...Que acaso no te grité: ¡Eih, Ramón, no te llevés mi pollo! ...y entonces saliste corriendo.
-Sí, yo salí corriendo; pero salir corriendo no es que uno se robe un pollo, porque correr no es prohibido ...
-¡Ah ... no! -dijo el cura. Vos te me robaste el pollo.
-No padrecito ... si sólo eran plumas ...
-¡Plumas! ... ¡Ladrón! ... y querés todavía wnewdarlo todo.
¡Dios te castigue por orbar al pobre Padre! ...
El Sargento se acomodó la gorrita de G.N., le puso la mano en el hombro al indio y le dijo ¡Munós! ...
El Padre los quedó viendo desde donde estaba.
-Que me pague mi pollo- gritó.
El Sargento salió con el indio.
-Ya viste -le dijo- el cura tenía razón. Te le robaste el pollo y lo vas a pagar.
El indio se quedó viendo al Sargento.
-Si no era pollo- dijo.
-...¿Y qué era, pues? -le preguntó el Sargento.
-Tal vez araña- dijo el indio. Si sólo pluma era el desgraciado; si figúrese que a mí me ha costado engordarlo. Flaquito el animalito estaba ... por eso que le digo que no era pollo ... si era sólo plumas ... y ahora...viera sargento, ya está bien gordito.
El sargento volvió a ver al indio.
-Andá pues traéle el pollo al Padre y se lo devolvés.
-Bueno -dijo el indio- pero no me había dicho Ud. que mañana que llegue a la dejada del Santo se iba a quedar a comer en mi casa? ¿Ah? ...
-¿Ah, es mañana, verdad? -dijo el Sargento, pensando, y se quedó un ratito allí donde estaba.
-Sí .. es mañana, pues -le dijo el indio sonriendo- y mientras se iba caminando para el otro lado.
Entoces el Sargento dio la vuelta y como estaba lloviendo se fue ligero.

( De Cuentos de Tierra y Agua, 1965 )

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Este documento fue creado en July 5, 1998
por: Armando José García Salinas - ©1998