Bendita sea la hora en que naciste,
en un mundo que no te merecía,
hecho para el dolor y la agonía,
donde no cabe el corazón del triste.
Fuiste el diamante que el dolor resiste
labrado en el amor a la poesía,
flor del jardín de la melancolía,
razón de ser de todo lo que existe.
Pero no existe en todo el universo
un corazón que sufra verso a verso
el desamor que nunca se termina.
Por eso el mar te llora compasivo
y llora este soneto que te escribo
con tu nombre en los labios, Alfonsina.
Gracias a la colaboracion de:
ANTONIO CASARES (vgarciaal@nexo.es)