
Indita de los llanos, si supieras
Bíblica, con tu cántaro, pasaste
En el cántaro de agua se movía;
Y mi pobre alma que un desdén macera,
cómo miré muy otro mi destino
al sentir la agresión de tus caderas
a la puestas del sol, en mi camino.
dejando un surco de agua fresca . . . Mira
el milagro que huyendo realizaste:
¡otra cuerda florece entre mi lira!
en tu cadera el cántaro temblaba;
la tarde en tu cadera se extenguía . . .
como el agua y la tarde sólo ansiaba
extinguirse temblando en tu cadera . . .
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